lunes, 31 de mayo de 2010

El estudiante de hoy en la Normal de Jilotepec

Estudiante…

Es temprano, muy de mañana, hay que levantarse, asearse rápido, los minutos vuelan; hay que desayunar bien y apresuradamente. Colocar las cosas de estudio, no olvidar una tarea, o salir de casa corriendo, con el cotidiano despido de quién nos quiere y abraza diariamente, nuestros padres. Tomar el autobús o el taxi y llegar antes de las siete al salón, al pase de lista. La escuela espera tranquila, apacible, pero radiante, con más cuerpo y robustez para la formación de nuevos licenciados en educacion preescolar, demandada por la colectividad; la alborada llega momentáneamente, se aclaran las siluetas, nos vemos poco a poco los rostros, si es lunes y tres dias más de la semana con el respectivo uniforme, pero si es viernes con ropa casual, donde los jóvenes lucen la molicie de sus atuendos delicadamente seleccionados, para competir con sus iguales en gustos, modelos, colores y diseños.

Miles de emociones se viven en el aula cotidiana, aprendizajes torrenciales y multidisciplinarias exposiciones por inquebrantables docentes, donde los buenos días y las sonrisas contagian el humor para el fecundo trabajo escolar; el clásico saludo de mano no se pierde, por la tarde abrumadoras y cansadas horas áulica; aquí donde el saber deambula por todos los espacios y pasillos, se mira transitar mentores añejos y maduros que inquietos, llegan ansiosos a vertir bastos conocimientos hoy. Las doncellas y donceles madrugadores aguardan detrás de la puerta, esperando el momento para brindar-se el conocimiento y servirlo a punto de ebullición; concordar o discordar; discutir lo escrito por eminentes pedagogos, lingüistas, ensayistas, psicólogos, sociólogos y educadores de trascendencia, que nuestros estudiantes paladean en sus delicados gustos, en la querella por el saber; sus ojos claros y centelleantes fijan sus perspectivas en la pizarra, las diapositivas o los arcoíris de tonalidades míticas en una exposición electrónica.

Siguen los silenciosos movimientos del Maestro, se encantan. Se ha dejado atrás la dogmatez, hoy vivimos el conocimiento, todos colaboramos para su construcción, como expresaba Popper “no hay conocimientos últimos”. Entre los diferentes elementos de las estructuras sociales y culturales, dos son de importancia inmediata. El primero consiste en objetivos, propósitos e intereses culturalmente definidos… Un segundo elemento de la estructura cultural define, regula y controla los modos admisibles de alcanzar esos objetivos (Merton 2002). Estamos en tiempos cibernéticos, la Web, el Chat, You tube, los Meil; hasta la plataforma que aún en nuestro medio carecemos; son los vocablos cotidianos que nuestros pupilos externan. Los trabajos, tareas y materiales son oración de todos los días; pero hasta se echan de menos, no se elaboran como antes; qué sucede, todo es electrónico, estos son los tiempos, nos han alcanzado; quizás las clases light es la panacea educativa ¿proveerán a ésta para la nueva profesión?, solo la escucha y espera, pero poca acción. Los laboratorios hoy en esta escuela son obsoletos. Se privilegia las salas, como santuarios del saber, estando en ocasiones impedidos para ver al Dios “conocimiento”. No existe su dimensión, no cabe en la cognición creativa del discernimiento.

Nos colmamos de equipos electrónicos que afectan la perspectiva, pero solo suplen la máquina mecánica de escribir; en los espacios y los nuevos tiempos sin la internet no hay vida. La pretensión es tenerla y no usarla al grado de explotación. La escuela que reposa extinta con obsolescencias, sin una mirada altanera a los claros desafíos, a la loca aventura por atraer los cambios. Pero todos pasamos por aulas, por la etiqueta y slogan de la escuela que nos formó; no importando los recursos que se tuviesen a la mano, lo que si importaría es la formación. Con mejores y eficientes docentes, se vislumbra una nueva y progresista sociedad. Romper los paradigmas y los ritualismos enfrentando lances evidentes y no peticiones clamorosas, subyugadoras, abnegadas y sumisas que inciten a la minimización y exclusión del ser.

Estudiante para triunfar que en tu lenguaje “no exista la palabra fracaso. El manifiesto cultural es claro; no hay que cejar, no hay que dejar de esforzarse, no hay que reducir las metas, porque el delito no es el fracaso, sino las aspiraciones bajas” (Mertón 2002).

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